La Perrata es el nombre artístico atribuido a María Fernández Granados, nacida en Utrera en 1922 y fallecida en Lebrija el 5 de febrero de 2005 según las fichas secundarias localizadas. Su parentesco publicado la sitúa como hermana de Perrate de Utrera y madre de Juan Peña El Lebrijano y del guitarrista Pedro Peña.
En breve
- El nombre “La Perrata” aparece unido de forma constante a María Fernández Granados, aunque no todos los textos explican el origen del apodo.
- Las fuentes coinciden en su matrimonio con Bernardo Peña y en la filiación de sus hijos Juan Peña El Lebrijano y Pedro Peña.
- La afirmación de que era “nieta de Perrate” contradice otros documentos históricos que presentan a Perrate de Utrera como su hermano.
- La genealogía publicada debe separarse de los datos familiares repetidos sin documento civil o registro archivístico accesible.
- Las grabaciones atribuidas a La Perrata requieren identificar sello, referencia y fecha antes de fijar una discografía.
Este texto se ciñe a la identificación de La Perrata dentro de las familias del cante vinculadas a Utrera y Lebrija. No reconstruye una biografía completa ni valora interpretaciones, y señala expresamente los datos que permanecen sin fuente verificada.
¿Qué fuentes fijan el nombre de La Perrata?
El punto de partida del registro es claro: la mayor parte de las fichas biográficas consultadas emplean el nombre de María Fernández Granados y lo asocian al apodo artístico de La Perrata. Esa coincidencia no resuelve por sí sola el origen del sobrenombre, pero permite distinguir entre el nombre civil publicado y la denominación con la que figura en repertorios, textos de homenaje y referencias discográficas.
Una ficha difundida en páginas dedicadas al cante presenta la fórmula “María Fernández Granados, La Perrata” y sitúa su nacimiento en Utrera en 1922. Otra semblanza, centrada en la familia Peña, repite el mismo nombre y añade su traslado posterior a Lebrija tras el matrimonio con Bernardo Peña. La coincidencia de ambos textos aporta continuidad al uso del alias, aunque ninguno reproduce partida de nacimiento, inscripción matrimonial ni documento notarial.
El dato se incorpora al registro de familias con una advertencia necesaria. La asociación entre María Fernández Granados y La Perrata está respaldada por varias fuentes secundarias, pero el documento de identidad o la inscripción civil que permitiría cerrar la identificación no figura entre los materiales revisados. La fórmula correcta no es sustituir ese vacío por una certeza documental inexistente, sino indicar que el nombre artístico está sólamente confirmado por tradición bibliográfica y repertorios públicos.
La fecha de muerte aparece con mayor precisión en textos publicados tras su fallecimiento. Se repite el 5 de febrero de 2005 y se señala Lebrija como lugar de defunción. La fecha está presente en fichas de carácter divulgativo y en obituarios especializados, pero el certificado correspondiente no se ha localizado en un fondo público consultable a distancia. Por ello, la fecha se consigna como dato secundario coincidente, no como transcripción de un registro civil.
El caso muestra una diferencia útil entre nombre, apellido y apelativo. Fernández Granados es la forma civil con la que se la nombra en las biografías. “La Perrata” funciona como nombre de escena y como identificador familiar dentro del cante. “Peña”, por su parte, aparece después en la rama formada con Bernardo Peña y explica que muchos textos la sitúen en el linaje Peña-Fernández sin sustituir su apellido de nacimiento.
La precisión importa porque en la documentación flamenca pueden coexistir variantes muy parecidas. Algunas referencias escriben “María La Perrata”; otras prefieren “La Perrata” sin nombre propio; y otras introducen “María Fernández” sin el segundo apellido. Cuando se busca un disco, una mención de prensa o una ficha sonora, las tres variantes deben comprobarse. Un catálogo que indexe sólo “María Fernández Granados” puede ocultar una grabación publicada bajo el alias.
La consulta de las familias flamencas de Lebrija permite situar esta dificultad dentro de un problema más amplio: los nombres familiares, los apodos y los nombres artísticos no siempre coinciden en las cubiertas de los discos. La forma más segura de archivar una referencia consiste en conservar los tres campos separados, sin convertir uno de ellos en sustituto automático de los demás.
El registro de trabajo revisado el 3 de septiembre de 2026 conserva “María Fernández Granados” como forma principal, “La Perrata” como denominación artística y “María La Perrata” como variante de búsqueda. No se añade una explicación etimológica del apodo porque las fuentes localizadas no la documentan. Ese límite es parte del dato: el nombre está fijado en el uso publicado, mientras que su origen permanece sin fuente verificada.
¿Cómo se separa el parentesco documentado de la genealogía repetida?
El parentesco atribuido a La Perrata reúne varias afirmaciones que no tienen el mismo grado de respaldo. Las fuentes secundarias coinciden en presentarla como hermana de Manuel Fernández, Perrate de Utrera. También la describen como esposa de Bernardo Peña y madre de Juan Peña El Lebrijano y Pedro Peña. En cambio, la frase que la define como “nieta de Perrate” entra en conflicto directo con la relación de hermandad y no puede mantenerse sin identificar a qué persona concreta se refiere ese segundo “Perrate”.
La contradicción no debe resolverse mediante una preferencia estética ni por repetición. Si dos textos afirman relaciones incompatibles, el documento que reproduce el vínculo civil o familiar tiene prioridad sobre una semblanza sin aparato de fuentes. Mientras ese documento no esté disponible, el registro debe conservar ambas lecturas con una nota de discrepancia. La genealogía no queda debilitada por reconocer una contradicción; queda protegida frente a una atribución errónea que después se copie de página en página.
El esquema que presentan varias biografías sitúa a María Fernández Granados como hija de Gaspar Fernández Jiménez y Teresa Granado Peña. Esta filiación aparece en repertorios digitales, pero no se ha localizado una reproducción de partida de nacimiento que permita verificarla de forma independiente. El dato puede anotarse como filiación publicada, nunca como transcripción de documento histórico. La diferencia es pequeña en apariencia y decisiva en un archivo familiar.
La relación con Perrate de Utrera está formulada de forma más constante. Las semblanzas de La Perrata hablan de “hermana de Perrate de Utrera”, mientras que los textos dedicados a la saga de los Perrate repiten el mismo vínculo. La repetición no sustituye al registro civil, pero delimita el estado actual de las fuentes. En una ficha rigurosa, la forma adecuada es “hermana, según fuentes biográficas secundarias coincidentes”, no “hermana documentada en partida localizada”.
El matrimonio con Bernardo Peña ocupa un lugar central porque conecta el apellido Fernández Granados con la familia Peña de Lebrija. Algunos textos lo describen como tratante de ganado y señalan que el matrimonio se produjo cuando María aún era joven. Esos detalles biográficos no se incorporan como hechos cerrados sin una fuente primaria accesible. Lo que sí puede afirmarse es que las publicaciones consultadas lo nombran de manera recurrente como marido de La Perrata y padre de Juan Peña y Pedro Peña.
La descendencia ofrece un punto de comprobación más útil. La relación maternal con Juan Peña El Lebrijano aparece en la presentación de grabaciones familiares y en numerosos textos de referencia. La maternidad de Pedro Peña, guitarrista, también figura en las mismas fuentes. El cruce de ambos nombres permite identificar una rama familiar concreta, aunque los detalles completos de fechas y hermanos requieren documentos civiles que no se han reproducido en los fondos disponibles.
La tabla siguiente no convierte las relaciones en prueba definitiva. Ordena lo que las fuentes publicadas repiten y señala el nivel exacto de verificación. El criterio evita que una genealogía divulgativa termine presentada como si fuera un árbol construido exclusivamente con partidas, expedientes o censos.
| Persona o rama | Relación atribuida con La Perrata | Forma publicada | Estado del registro | Fuente y consulta |
|---|---|---|---|---|
| María Fernández Granados | Identidad principal | La Perrata / María La Perrata | Coincidencia de fuentes secundarias | Registro de familias revisado el 3 de septiembre de 2026 |
| Perrate de Utrera | Hermano | Hermana de Perrate de Utrera | Coincidencia bibliográfica; sin partida localizada | Fichas biográficas consultadas el 3 de septiembre de 2026 |
| Bernardo Peña | Marido | Casada con Bernardo Peña | Relación publicada; sin acta matrimonial localizada | Registro de familias revisado el 3 de septiembre de 2026 |
| Juan Peña El Lebrijano | Hijo | Madre de El Lebrijano | Coincidencia bibliográfica | Ficha de la familia Perrata, consultada el 3 de septiembre de 2026 |
| Pedro Peña | Hijo | Madre del guitarrista Pedro Peña | Coincidencia bibliográfica | Registro de familias revisado el 3 de septiembre de 2026 |
La mención de Fernanda y Bernarda de Utrera como primas forma parte de la genealogía repetida, pero necesita una prueba específica antes de integrarse en un árbol de parentesco cerrado. Lo mismo sucede con la condición de tía de El Turronero, Gaspar de Utrera o Pedro Bacán. Son relaciones que aparecen en textos divulgativos y pueden orientar la búsqueda, pero no sustituyen la cadena documental que debe unir cada generación.
La rama de Pedro Bacán merece una revisión independiente, porque los vínculos de apellidos y generaciones en Lebrija no se aclaran con una sola frase. La página sobre el origen y las ramas de los Bacán permite contrastar los nombres que aparecen en esta red familiar sin confundir coincidencias de apellidos con parentescos demostrados.
El resultado no es un árbol terminado, sino una genealogía en dos niveles. En el primero quedan María Fernández Granados, Bernardo Peña, Juan Peña y Pedro Peña, respaldados de manera consistente por la tradición biográfica. En el segundo quedan las relaciones colaterales y las filiaciones ascendentes, pendientes de documentos históricos reproducibles. La diferencia entre ambos niveles debe mantenerse visible en cualquier registro futuro.
¿Qué documentos históricos sirven para comprobar la familia Peña-Fernández?
La investigación del parentesco no empieza por la repetición de una biografía, sino por la identificación del documento que podría confirmar cada vínculo. Para María Fernández Granados, las piezas prioritarias serían la partida de nacimiento de Utrera, el acta de matrimonio con Bernardo Peña y las inscripciones de nacimiento de sus hijos. Esos tres documentos permitirían fijar apellido, progenitores, fecha, lugar y descendencia con un grado de seguridad superior al de cualquier semblanza.
Los fondos civiles no siempre están digitalizados ni tienen acceso abierto para todas las fechas. Esa dificultad obliga a distinguir entre una fuente consultada y una fuente deseable. No se debe afirmar que una partida “confirma” una filiación si la partida no ha sido vista o transcrita. En el caso de La Perrata, los datos de padres y hermanos circulan en páginas especializadas, pero no consta en el material revisado una imagen o referencia archivística de la inscripción correspondiente.
Las hemerotecas ofrecen otra vía. Un anuncio de defunción, una entrevista firmada o un programa de recital pueden contener el nombre completo, el alias y una relación familiar expresa. Sin embargo, la prensa puede equivocarse en los parentescos, sobre todo cuando resume genealogías extensas mediante fórmulas como “de la saga de”. Un recorte sirve para fechar la circulación pública de un dato, no necesariamente para demostrar el vínculo civil que menciona.
Los discos y sus cubiertas también son documentos útiles, aunque con una función distinta. Una portada puede acreditar que La Perrata aparece bajo determinado nombre en una edición concreta. Los créditos pueden identificar a Pedro Peña como guitarrista y a Juan Peña como participante. Ninguna de esas menciones prueba por sí sola la maternidad, pero el cruce con una ficha biográfica fechada crea una cadena de indicios más sólida que una frase aislada en un texto sin fecha.
El problema se aprecia en las atribuciones relativas a Dorantes. Varias fuentes presentan a La Perrata como abuela del pianista. La relación es verosímil dentro de la genealogía Peña, pero debe expresarse según el soporte disponible. Si una ficha familiar identifica a Pedro Peña como hijo de La Perrata y padre de Dorantes, la relación queda trazada en dos pasos. Si sólo existe una frase divulgativa, se registra como dato publicado pendiente de confirmación documental.
La consulta de la trayectoria de Dorantes y su vínculo familiar permite separar la filiación de las valoraciones sobre su obra. En un archivo de cante, el interés de esa conexión no consiste en atribuir rasgos musicales por herencia, sino en situar nombres y generaciones dentro de un linaje documentable. Las relaciones familiares no determinan automáticamente un repertorio ni una manera de cantar.
Para ordenar la búsqueda, el registro debe conservar una ficha por documento y no una sola nota narrativa. La partida de nacimiento tendría un campo de archivo, tomo, folio y fecha. El acta matrimonial incorporaría los nombres completos de los contrayentes y sus padres. Una cubierta de vinilo requeriría sello, referencia, fotografía o reproducción acreditada y transcripción literal de los créditos. La falta de cualquiera de esos elementos reduce el valor probatorio de la pieza.
- La partida de nacimiento permite fijar el origen civil, los apellidos y la filiación inmediata.
- El acta matrimonial une las dos ramas familiares sin convertir un apellido artístico en prueba de parentesco.
- Las inscripciones de los hijos comprueban la descendencia atribuida a María Fernández Granados y Bernardo Peña.
- Los programas y carteles fechados fijan el uso público del nombre La Perrata en una fecha determinada.
- Las cubiertas y créditos discográficos localizan una voz o una colaboración, pero no sustituyen la documentación civil.
El término linaje debe usarse con cautela. En las familias del cante puede describir una continuidad de parentesco, convivencia y repertorio, pero no debe borrar las diferencias entre una ascendencia probada y una cercanía artística. Que una cantaora aparezca vinculada a Utrera y Lebrija no demuestra por sí mismo cada parentesco que le atribuyen las biografías posteriores.
El registro de revisión fechado el 3 de septiembre de 2026 mantiene como dato abierto la filiación de Gaspar Fernández Jiménez y Teresa Granado Peña. También conserva sin fuente verificada la explicación del apodo “La Perrata”. Ambas lagunas deben permanecer escritas mientras no aparezca un documento histórico que las resuelva. La ausencia de prueba no autoriza a completar una genealogía por analogía.
La próxima comprobación útil no es añadir nombres a la lista de familiares, sino localizar una referencia archivística concreta para la partida de nacimiento o para el matrimonio. Un solo documento reproducible permitiría convertir una parte de esta genealogía publicada en parentesco verificado.
¿Qué papel tienen las grabaciones en la identificación de La Perrata?
Las grabaciones ayudan a reconocer el nombre de La Perrata, pero no deben utilizarse como atajo para resolver toda su biografía. Una pista de audio puede conservar una voz, una atribución en cubierta y el nombre de los acompañantes. Para que sea útil en un registro, necesita datos mínimos: año de edición, sello, referencia de catálogo, formato y créditos. Sin esos elementos, una mención a “María La Perrata” no permite localizar el objeto ni comprobar si se trata de una edición original, una recopilación posterior o una atribución añadida por un distribuidor digital.
Los textos divulgativos mencionan colaboraciones de La Perrata en varios volúmenes de Rito y geografía del cante, concretamente los números siete, ocho, nueve, once y veintidós. Esa enumeración no se transforma aquí en discografía cerrada porque faltan, en el material disponible, las referencias de sello, los números de catálogo y la comprobación de cada participación. La serie es una pista de investigación, no una ficha terminada.
También se menciona una muestra de su cante en el recopilatorio Grandes cantaores del flamenco. El título por sí solo es insuficiente para identificar una edición. Las recopilaciones pueden tener varias tiradas, sellos distintos, cambios de selección y reediciones en CD o plataformas. Antes de asociar una pieza a La Perrata, hay que localizar la cubierta, el listado de temas y la referencia exacta de la edición consultada.
El caso de las grabaciones familiares es más claro en su estructura que en sus referencias. Las fuentes describen un disco en el que La Perrata canta junto a Juan Peña El Lebrijano, Pedro Peña interviene con la guitarra y Bernardo Peña aparece en la portada. Ese conjunto de nombres constituye una pista fuerte para localizar el vinilo, pero no basta para proporcionar año, sello o número de catálogo. La identificación debe detenerse ahí hasta comprobar una copia o una ficha sonora fiable.
La relación entre repertorio y parentesco exige el mismo cuidado. Algunas semblanzas atribuyen a La Perrata especial atención a soleares, fandangos por soleá, bulerías y bulerías por soleá. Esas categorías pueden aparecer en una pista concreta, pero la atribución estilística general debe apoyarse en grabaciones identificadas. Decir que un repertorio es “heredado” por una familia requiere señalar qué registro sonoro lo hace comprobable y no sólo repetir una descripción literaria.
El recorrido por las grabaciones del flamenco lebrijano ofrece el método adecuado para esta tarea: localizar el soporte, anotar sello y referencia, transcribir créditos y diferenciar edición original de reedición. Este procedimiento resulta especialmente necesario en artistas con presencia parcial en antologías, donde una intervención puede quedar oculta bajo el nombre del recopilatorio.
La siguiente tabla organiza los títulos mencionados en fuentes secundarias sin fingir una precisión discográfica que no ha sido comprobada. La columna final mantiene visible la falta de referencia. Un archivo útil no rellena ese campo con una estimación.
| Publicación o serie citada | Participación atribuida | Datos confirmados | Datos pendientes | Estado de la fuente |
|---|---|---|---|---|
| Rito y geografía del cante, volúmenes 7, 8, 9, 11 y 22 | Colaboración de La Perrata | La mención aparece en semblanzas biográficas | Sello, año, referencia y listado de cortes | Sin fuente verificada de cada volumen, revisión del 3 de septiembre de 2026 |
| Grandes cantaores del flamenco | Presencia de una muestra de cante | El título figura en textos secundarios | Edición concreta, sello, referencia y tema atribuido | Sin fuente verificada, revisión del 3 de septiembre de 2026 |
| Disco familiar con Juan Peña y Pedro Peña | Cante de La Perrata y participación de Pedro Peña | La descripción familiar coincide en varias reseñas | Título exacto, fecha, sello y número de catálogo | Registro provisional, revisión del 3 de septiembre de 2026 |
Una búsqueda de audio puede servir para escuchar una interpretación atribuida, pero no reemplaza la lectura de una ficha de edición. Los vídeos subidos por particulares suelen modificar títulos, fechas y nombres de intérpretes. Cuando no muestran la etiqueta del disco o no enlazan a una fuente identificable, su utilidad es orientativa. La denominación de una pista debe cotejarse con una edición física o con un catálogo institucional.
La comparación con la documentación sobre bulería de Lebrija y Jerez ayuda a mantener el enfoque. La identificación de un palo exige escuchar y fechar una grabación concreta; no puede apoyarse sólo en una atribución familiar. El parentesco orienta la búsqueda del repertorio, mientras que la discografía permite verificar qué quedó registrado y bajo qué nombre.
Por ahora, la discografía de La Perrata debe leerse como campo abierto. Los títulos y volúmenes citados son puntos de localización, no referencias bibliográficas completas. El trabajo posterior consiste en encontrar cada soporte, transcribir su información material y sustituir la fórmula “sin fuente verificada” por una ficha con sello y número de catálogo.
¿Por qué Utrera y Lebrija aparecen unidas en el origen de La Perrata?
Las fuentes biográficas sitúan el nacimiento de María Fernández Granados en Utrera y su muerte en Lebrija. Entre ambos lugares se sitúa su matrimonio con Bernardo Peña y la formación de una rama familiar que incluye a Juan Peña El Lebrijano y Pedro Peña. Esa secuencia explica que La Perrata aparezca tanto en genealogías utreranas como en registros del cante lebrijano, sin necesidad de atribuirle un único origen territorial.
El origen civil y la pertenencia familiar posterior no son datos equivalentes. Nacer en Utrera responde a una inscripción de nacimiento que aún debe localizarse para una confirmación primaria. Formar parte de una familia vinculada a Lebrija procede del matrimonio, de la descendencia y de la circulación pública de sus hijos bajo el apellido Peña. En una ficha bien construida, ambos datos se anotan por separado para evitar fórmulas confusas como “cantaora de Lebrija nacida en Utrera” sin explicación.
La escuela Utrera-Lebrija permite entender la presencia de esos dos nombres en el mismo expediente. No se trata de una categoría administrativa ni de una identidad única, sino de un marco de relaciones familiares, repertorios y colaboraciones que las fuentes de cante suelen presentar conjuntamente. La página dedicada a la escuela de Utrera y Lebrija aporta el contexto necesario para leer esas conexiones sin extender el análisis al flamenco andaluz en general.
En el caso de La Perrata, los textos destacan que aprendió cantes en el entorno familiar. Esa afirmación debe leerse como descripción biográfica publicada, no como prueba de transmisión directa de cada estilo. Para documentar una transmisión concreta haría falta un registro sonoro identificable, un testimonio fechado o un programa que nombrase un repertorio. La pertenencia a una familia de cantaores no permite asignar automáticamente un aprendizaje a cada miembro de la rama.
Las semblanzas también indican que, tras la muerte de Bernardo Peña, volvió a cantar en público y dejó algunas intervenciones registradas. La cronología de ese retorno no se ha podido confirmar con cartel, programa o ficha discográfica fechada. Por ello, el hecho se conserva como información biográfica repetida, pero sin añadir una fecha aproximada. La precisión artificial resulta menos útil que una cronología incompleta correctamente marcada.
La relación con Juan Peña El Lebrijano suele ser el elemento que vuelve reconocible a La Perrata para parte del público. Sin embargo, una ficha de parentesco no debe reducirla a esa condición. Su nombre propio, su alias, su nacimiento en Utrera, su matrimonio con Bernardo Peña y sus apariciones en registros sonoros forman un expediente autónomo. La relación maternal es una pieza relevante de la genealogía, no un sustituto de su identidad documental.
La misma cautela afecta a la referencia como abuela de Dorantes. La afirmación permite seguir una continuidad generacional dentro de los Peña, pero necesita que los dos enlaces familiares intermedios estén identificados. Un árbol genealógico debe mostrar el recorrido documental de cada rama. Si el vínculo entre La Perrata y Pedro Peña se apoya en fuentes secundarias y el de Pedro Peña con Dorantes se apoya en otras, ambos grados deben citarse de forma diferenciada.
La documentación de un apellido tampoco equivale a una clasificación artística. “Peña”, “Fernández”, “Granados” y “Perrata” se cruzan en los relatos familiares, pero cada uno cumple una función distinta: apellido civil, apellido marital o de descendencia, y nombre artístico. La genealogía gana claridad cuando se conserva esta distinción. El lector puede entonces localizar una ficha bajo “María Fernández Granados” aunque haya llegado a ella buscando “La Perrata”.
El registro familiar mantiene como fórmula de trabajo “María Fernández Granados, La Perrata; nacida en Utrera en 1922 según fuentes secundarias; vinculada a la familia Peña de Lebrija por matrimonio y descendencia”. Esta redacción no borra la relación entre ambos lugares ni inventa un documento inexistente. Conserva el origen publicado, el parentesco repetido y el grado real de comprobación disponible.
La ficha deberá revisarse cuando aparezca una reproducción accesible de su partida de nacimiento, del acta matrimonial con Bernardo Peña o de una edición discográfica con referencia completa. Hasta entonces, la utilidad del registro reside en separar lo confirmado por uso bibliográfico de lo que todavía espera una prueba documental directa.
¿Cómo se llamaba realmente La Perrata?
Las fuentes secundarias coincidentes la identifican como María Fernández Granados. La Perrata es el nombre artístico con el que aparece en semblanzas, repertorios y referencias a grabaciones.
¿Era La Perrata hermana de Perrate de Utrera?
Las biografías consultadas la presentan como hermana de Perrate de Utrera. La partida o documento civil que permita verificar ese parentesco de manera directa no figura entre los fondos revisados.
¿Quiénes fueron los hijos de La Perrata?
Las fuentes publicadas coinciden en nombrar a Juan Peña El Lebrijano y al guitarrista Pedro Peña como hijos de María Fernández Granados y Bernardo Peña.
¿Por qué se dice que pertenecía a Utrera y Lebrija?
Su nacimiento se sitúa en Utrera, mientras que su matrimonio con Bernardo Peña y su descendencia la vinculan a una rama familiar de Lebrija. Ambas referencias describen etapas distintas de su trayectoria.
¿Existe una discografía completa de La Perrata?
No con los datos comprobados en este registro. Se citan participaciones en Rito y geografía del cante y en recopilatorios, pero faltan referencias de sello y catálogo que permitan cerrar una discografía verificable.
El dossier completo Juan Peña El Lebrijano: biografía, discos y legado
